En torno del acorralamiento y posterior ejecución en México de Arturo El Barbas Beltrán Leyva, hay pasajes oscuros, misteriosos. Uno de ellos es, que todavía esta libre en el Perú Víctor Octavio Girao Alatrista, ex socio del lunarejo y de Carlos Lamberg, y que maneja el 20 % de la cocaina que llega a Estados Unidos. La historia comenzó el miércoles 9 de diciembre, después de que fuerzas policíacas de Mexico, informaran sobre el arribo de un vuelo privado al aeropuerto Hermanos Serdán, ubicado en Huejotzingo, a 25 kilómetros de la capital de Puebla y a 10 kilómetros de San Pedro Cholula, en el levantamiento del secreto de las comunicaciones hubo tres llamadas a Perú.
En los predios del antiguo valle de maizales que separa a ambas ciudades se ha desarrollado, en los últimos tres lustros, una de las zonas residenciales más boyantes de todo el país. Hacia ella se dirigió un convoy de cuatro vehículos, cuyo avance fue monitoreado milimétricamente por las fuerzas locales.
Sin aval de las fuerzas federales de México, los judiciales poblanos decidieron interceptar al contingente, que después de pasar la noche habían parado a desayunar en el restaurante Juquilita. Allí inició una cacería que no se detuvo hasta siete días después, en Cuernavaca.
En Puebla murió un policía municipal, atrapado en uno de los tres intercambios de fuego sostenidos por sicarios y uniformados, y fue aprehendido un presunto integrante del Cártel de Sinaloa. Después de interrogarlos, las autoridades tuvieron la certeza de que los hermanos Arturo y Héctor Beltrán Leyva se dirigían a Tepoztlán, Morelos, para acudir a una fiesta, en la que se celebraba un embarque que realizó desde Lima Perú, el narco Víctor Octavio Girao Alatrista para el cartel de Sinaloa.
En paralelo, oficiales de inteligencia de la Secretaría de Marina habían obtenido información sobre el ágape, convocado por Edgar La Barbie Valdés Villarreal y que iniciaría la tarde del viernes 11, en una casona ubicada en el fraccionamiento Los Limoneros. Allí detuvieron a El Rey del Acordeón, Ramón Ayala, y a Los cadetes de Linares.
Hasta ese momento, la presencia de los Beltrán Leyva se consideraba poco probable. Por eso, cuando los comandos especiales de la Armada de México irrumpieron en el lugar y se dieron cuenta de que La Barbie había huido y que los líderes del Cártel de Sinaloa habían pasado por allí, decidieron apretar más fuerte. Podían convertir esa casualidad en el golpe más contundente infligido por el Estado mexicano al crimen organizado en lo que va del sexenio, y que ha extendido sus tentáculos a Perú, en donde Víctor Girao Alatrista y Raúl Berrios Cabañín han ajusticiado a una veintena de personas en los últimos años.
Otro hecho -tan fortuito como inexplicable- estaba en desarrollo. El vocero de Los Pinos, Maximiliano Cortázar, se casaría el sábado 12 en el hotel Camino Real. Tendría como testigos de honor al presidente Felipe Calderón y a su esposa, Margarita Zavala, además de 400 invitados entre los que se contaban cinco secretarios de Estado, algunos de los empresarios periodísticos más importantes del país y los anchormen consentidos del régimen panista.
El Estado Mayor Presidencial cubrió el perímetro con cuatro retenes, desde el hotel hasta la desviación a Cuautla, sobre la autopista que va a México. Las torres Altitude del fraccionamiento Punta Vista Hermosa, donde El Barbas se había ocultado, están a menos de un kilómetro. Ésa es la distancia que lo separaba del Ejecutivo federal, mientras ocurría el enlace matrimonial de Cortázar. Cinco días después, un comando especial de la Marina tomó por asalto el conjunto habitacional.
Otras operaciones encubiertas aun tenían lugar en Puebla, Morelos y Lima, todavía la semana pasada.
Por su parte, la policía Nacional del Perú, esta investigando las conexiones de Víctor Girao Alatrista y RaúlBerrios Cabañín, con el Cartel de Sinaloa y con el Cartel de Tijuana, ya que se ha destapado el Expediente de la DINANDRO Atestado Nº193-1097-PNP-DITID-DV, que prueba que Víctor Octavio Girao Alatrista envió 14.530 kilogramos de cocaina pura a través de Cesar Augusto Berrios Tapia, hijo de su socio Raúl Berrios Cabañín.
En la época del 70, Víctor Girao Alatrista, y Raúl Berrios Cabañín eran conocidos como traficantes de poca monta y que utilizaban los aviones de Faucett, sin embargo en 1980 cayó un embarque de 600 kilos propiedad de Carlos Lamberg que resultó ser socio de Víctor Girao Alatrista quien purgó prisión 10 años en Lurigancho, sin embargo siguió operando y en la actualidad ha constituido de fachada una llamada asociación de pilotos peruanos que se infiltra en el mundo de la aviación, capta burriers y estaría relacionado con el envío de cocaina en Laptop a través de los tripulantes de LAN que cayeron en españa, la policía está investigando.